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Ya en el interior, pero también de la época de Boari, destacan en la sala de espectáculos otras obras de Maróti, como el vitral en el techo con el tema de Apolo y las nueve musas, además del mosaico que rodea la bocaescena, en el que Maróti representó la historia del Teatro. Pero sobre todo es célebre el gran telón de acero recubierto de un mosaico de teselas de cristal opalescente hecho por la casa neoyorquina Louis C. Tiffany, a partir de una pintura realizada por el artista Harry Stoner, enviado desde Nueva York ex profeso para ello. Es un error común atribuir esta pintura al mexicano Gerardo Murillo, conocido como el Dr. Atl.

La cortina tiene como función aislar la escena de la sala en caso de que se produzca un incendio. Esta impresionante obra está hecha con más de un millón de piezas, y su elaboración tardó casi dos años. Es única en el mudo por su mérito artístico y complejidad, ya que está montada sobre un muro móvil de acero, revestido con lámina de zinc, pero su suave movimiento hace olvidar su peso, de 22 toneladas. La decoración del mosaico representa una vista del Valle de México a principios del siglo XX, donde destacan los brillantes colores de las flores y los diversos tonos de verde de los árboles y los cactos, recortándose sobre el imponente fondo de los volcanes nevados: el Iztaccíhuatl (Mujer Blanca) y el Popocatépetl (Montaña que Humea).

El resto de la decoración de la sala (rejillas de acero ubicadas entre el telón de Tiffany y el mosaico de Maróti, así como los barandales de los palcos y pisos superiores, todos del más puro art déco, son de la casa francesa Edgar Brandt. Mariscal aumentó la capacidad de la sala, que podía alcanzar la cifra de 2,035 butacas

En el hall Federico Mariscal aplicó diversos revestimientos de mármoles nacionales y extranjeros tanto en los pisos como en los pilares y pilastras: blanco de Carrara, negro de Monterrey, rojo de Torreón y rosa de Querétaro. Utilizó además los escalones de granito noruego que habían sido labrados para el inacabado Palacio Legislativo. Destacan las lámparas y otros elementos decorativos art déco realizados en París por la Casa Edgar Brandt, con motivos mexicanos como mascarones mayas en acero y cactáceas de bronce.

Para los muros se encargaron diversos murales a los grandes maestros de la Escuela Mexicana: Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo y Jorge González Camarena. A estas obras se agregaron otras que estuvieron originalmente en distintos sitios, como los pequeños murales de Roberto Montenegro y Manuel Rodríguez Lozano.

 

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